Crisis Sanitaria en Chile: Cuando las crisis las pagan los pobres el pueblo sale en ayuda del pueblo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Camilo Mansilla Quiñones

Movimiento de Defensa de Acceso al Agua, la Tierra y Protección del Medio Ambiente

MODATIMA CHILE

El 3 de marzo se confirmó el primer caso contagio de COVID-19 en Chile, hoy ya pasados dos meses, al momento de escribir este documento tenemos sobre 20.000 casos acumulados, casi 10.000 casos activos y récords de tasas de contagio. La pandemia muestra la improvisación de un gobierno que intenta prolongar su fecha de expiración después de 6 meses de revueltas sociales. En estas ocho semanas de crisis sanitaria hemos pasado a través de recomendaciones de protección contradictorias, cuarentenas parciales, pequeñas ciudades con tasas de contagio de grandes capitales del mundo, datos oficiales de contagios omitidos, muertos considerados como pacientes recuperados, contagiados asintomáticos no considerados en la estadística oficial, gráficas distorsionadas, centros comerciales abiertos y plebiscitos por una nueva Constitución Política pospuestos.

En Chile la curva dista mucho de aplanarse, la pandemia a quitado el velo a las desigualdades del neoliberalismo, el 38,9%[1] de la fuerza de trabajo (3 millones 600 mil personas) no tienen contrato de trabajo, estas son trabajadoras y trabajadores que deberán salir a la calle para llegar a fin de mes; la mitad de los trabajadores reciben sueldos menores a $350.000[2]; adultos mayores con pensiones bajo la línea de la pobreza[3]; 77 mil familias de bajos ingresos que viven la cuarentena en sus hogares hacinados[4]; y 1.5 millones de personas que no tienen fuentes de abastecimiento formal de agua potable. Esta última situación, es gravísima al ser el constante lavado de manos una de las medidas principales para no aumentar el número de casos.

Pero las desigualdades hídricas en este largo y angosto país no se originan en los últimos dos meses de pandemia, por el contrario, tienen su comienzo hace 40 años en los que se ha desarrollado contextos  adversos de comunidades precarizadas. Para comprender la situación en Chile cabe entender que el agua fue privatizada en 1980 años, durante dictadura fascista de Augusto Pinochet, a través de la instauración de la Constitución Política de Chile (1980) y el Código de Aguas (1981). Dos marcos jurídicos que convierten el agua en un bien privado, permiten la entrega Derechos de Aprovechamiento de Aguas (DAA) a particulares de forma gratuita y permanente, permitir el libre uso y goce del agua sin la definición de usos prioritarios (como el consumo humano), otorga voz y voto sólo a quienes sean propietarios de DAA y de forma implícita genera un mercado donde se transa este elemento vital. En los territorios ha significado la apropiación en base al despojo del agua como bien común intrínseco de toda forma de existencia.

El agua es ahora un bien privado, escaso y concentrado en manos de pocos, las comunidades sin abastecimiento de agua normalizan su suministro por medio de camiones cisternas sin certificaciones sanitarias. De esta manera inescrupulosos han hecho fortunas lucrando con la escasez, es el caso de Isidoro Quiroga[5] conocido como el “zar de las aguas” quien en pocos años a través de la venta de DAA hizo una fortuna de $18.305.292 USD; es el caso del actual Ministro de Agricultura chileno José Antonio Walker Prieto quien junto a su familia ostentan DAA por sobre 29.000 litros por segundo equivalentes a $86.275.000 USD; o es el caso de quienes lucran con la sed de las comunidades, el Estado de Chile en los últimos 5 años ha gastado 180 millones de dólares trasladando agua en camiones aljibes. Esta lista se puede extender a Edmundo Perez Yoma (exministro), Juan Antonio Coloma (senador), Alfredo Moreno (ministro), etc. todos en una íntima relación político empresarial.

Como MODATIMA llevamos sobre una década batallando por la desprivatización del agua, la gestión comunitaria de los bienes comunes y el fin del capitalismo. Hemos estado en todos los frentes donde ha sido necesario estar y en estos tiempos de pandemia, donde la desigualdad es abrupta, donde las y los trabajadores pagan la crisis, donde nuestras vidas fueron hipotecadas y sacrificadas para salvar la economía neoliberal, nos hemos puesto a disposición de las y los comunes en el tejido de las redes de subsistencia, en la colectivización del agua y el alimento, en entregar nuestras habilidades y capacidades a la construcción de poder popular, para poner en práctica lo único que nos permitirá salir salvos de la pandemia neoliberal, la solidaridad entre los pueblos.

¡Solo el pueblo ayuda al pueblo!

Modatima, Petorca.

[1] Datos de Fundación Sol http://www.fundacionsol.cl/2020/03/aguanta-usted-una-cuarentena-radiografia-economica-del-hogar-chileno-que-se-enfrenta-al-covid-19/

[2] La pobreza del «modelo» chileno http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2018/11/IBV13-2.pdf

[3] https://www.elsiglo.cl/2019/03/31/afp-lo-conocido-pensiones-de-pobreza/

[4] https://ciperchile.cl/2020/03/26/viviendas-hacinadas-y-campamentos-dos-rostros-de-la-desigualdad-frente-al-covid-19/

[5]https://ciperchile.cl/2013/12/10/la-historia-del-discreto-empresario-que-se-transformo-en-el-zar-de-las-aguas-en-chile/

Organización ante la Pandemia y el Terror de Estado

Entrevista con Oscar Olivera, dirigente fabril durante 30 años y fue uno de los dirigentes más importantes del Frente de Defensa del Agua y la Vida durante la Guerra del Agua (Cochabamba,2002) en la que después de 5 meses lograron evitar la privatización del agua. Actualmente forma parte de la Fundación Abril que se dedica a la cosecha del agua y huertos en barrios y escuelas de Cochabamba.

Abril, 2020.

“Todos los pueblos estamos sufriendo las consecuencias de una pandemia brutal, asesina. Y estamos sopesando en carne propia estas políticas económicas de una despreocupación absoluta de los estados por fortalecer, hacer crecer y hacer participar a la gente en espacios vitales para la salud pública. El tema de la descentralización, que se dé más participación y poder a las regiones y puedan asumir decisiones de manera autónoma, sin depender del centralismo que existe hoy en varias partes. Creo que estas políticas no solo las hemos visto aquí en Bolivia sino también las hemos visto en el Norte, donde se ha relegado el tema de la salud pública a niveles tan despreciables, privatizándolo o recortando recursos; y hemos visto como han enfrentado la pandemia de manera absolutamente irresponsable y, yo diría, incapaz. Este desmantelamiento de la salud pública está ocasionando enormes estragos y está quitando la vida a miles de personas fundamentalmente a ancianos, pero también a jóvenes, mujeres y niños de sectores populares.

Por otra parte, la falta de médicos, la falta de agua. Aquí en Cochabamba, en Bolivia, son 3 millones de personas que no tiene acceso al agua por tubería, considerando que una de las principales armas para combatir el Coronavirus es el agua y el jabón. Entonces, ¿Cómo podemos enfrentar esta difícil situación y adecuarnos a las normas higiénicas que mínimamente está recomendando la Organización Mundial de la Salud? O sea, es terrible la falta de insumos, la falta de capacitación, de médicos, de enfermeras; la falta de infraestructura hospitalaria, la falta de elementos tan esenciales como una mascarilla. Me contaban que en todo el mundo, particularmente en Estados Unidos,  Inglaterra y Francia, las fábricas no tienen un solo taller de costura que puedan fabricar barbijos para cubrirse el rostro. Todo está hecho en la China. Estas políticas económicas mundiales de establecer espacios de producción determinados, de abaratamiento de costos, de subestimar la importancia de un elemento tan básico como el barbijo está ocasionando miles de muertes que podrían ser evitadas con políticas de otra naturaleza, públicas, estatales, con un sentido humano.

Yo diría aquí que los autodenominados de izquierda, ni de derecha, han podido ser capaces de recomponer estos sectores para el bienestar de la población. Reitero la falta de agua, pero también la falta de organizaciones fuertes, autónomas que permitan a la población participar de manera plena en enfrentar el Coronavirus, donde haya una confianza mutua entre organizaciones y con los gobernantes. Realmente es un escenario desolador el cómo podemos, enfrentar la pandemia desde la perspectiva técnica, medica, de salud, pero también desde la perspectiva social, organizativa. Un pueblo desorganizado, desconfiado el uno con el otro, un pueblo dividido por la partidocracia, un pueblo donde hay sectores que solamente creen en el jefe y no creen en sus propias fuerzas, o en su propios hermanos, en sus propios vecinos. Realmente son escenarios que deben llevarnos a pensar, y a actuar, en que la única manera de enfrentar el coronavirus y cualquier otro tipo de situación que amenace a los pueblos, tiene que ser enfrentado por los pueblos organizados, confiados, con un tejido social muy fuerte; exigiendo autonomía, exigiendo la horizontalización del poder, que no esté centralizado. Es un periodo de enorme reflexión también. No solo para resistir sino para cambiar el sentido de nuestra vida.

El Terror de estado durante la Pandemia

En Bolivia, y en todas partes, el estado ha decidido ejercer el poder desde arriba, para implementar políticas de terror, de imposición y de autoritarismo. De tal forma que la gente se sienta absolutamente sola, recluida, confinada en sus domicilios, muchos ni siquiera con familia, sino absolutamente solitarios. Es decir, cuando la gente tiene miedo, es un pueblo sin ese hayu, que decimos en quechua, sin ese espíritu que nos permite enfrentar de manera plena una situación. Ahora tienen más poder los policías y militares en las calles, son ellos los dueños de nuestros espacios públicos y somos los ciudadanos comunes los que tenemos que recogernos en nuestros propios sitios.

Esta política de separación, de desconfianza, de temor, de individualismo, son políticas que el neoliberalismo, el gran capital y los grandes poderes económicos y políticos están implementando para destruirnos pero la gente, nuestros pueblos que no se resignan, son pueblos que se dan absolutamente cuenta de lo que está pasando y frente a eso tenemos que repensar, primero, en un nuevo lenguaje que nos permita recuperar la confianza entre todos y todas, re conceptualizar palabras muy importantes como democracia, poder, participación política, miedo solidaridad reciprocidad, complementariedad. Creo que son estos los espacios que debemos construir a partir de nuestro confinamiento familiar, para establecer, nuevamente y de a pocos, vínculos con todos esos valores, actitudes, pensamientos y visiones en el conjunto de la sociedad. Seguramente será muy largo, más difícil que antes pero no tenemos otra alternativa que ponernos de pie, como siempre lo hemos hecho, para seguir caminando. Sino, estaremos contra la pared, con la espada en el pecho, sin poder retroceder más y, finalmente, aceptar de manera muy resignada que el gran capital, el neoliberalismo y el miedo nos venzan y nos maten definitivamente. Pero creo que eso los pueblos nunca lo van a aceptar, debemos seguir caminando tomados de la mano y pensar que solo los pueblos salvaran a los pueblos, solo la acción colectiva y el establecimiento de horizontes comunes construidos colectivamente y soñados colectivamente nos van a permitir seguir avanzando. Creo que la esperanza, nuestros sueños y nuestra capacidad de seguir siendo empujados por el legado de nuestros abuelos y abuelas, nuestros papás y mamás, son los que nos van a permitir seguir avanzando en estos momentos tan difíciles, tan oscuros, con tanta incertidumbre. No tenemos otra alternativa más que volver a encontrar esa luz que nos permita seguir avanzando.

Los pueblos ante la Pandemia

Bueno, acá, hay sectores populares, sectores rurales que se están organizando, que se están restituyendo a través, por ejemplo, del trueque en los campos, esa actividad económica social, absolutamente horizontal, trasparente y solidaria. Se están construyendo espacios de cocinas comunitarias, de ollas comunes, de acopio para la atención a los más necesitados, a los ancianos solitarios, a la gente  de la calle. En si todavía son acciones muy esporádicas, muy de corazón, pero creo que estas actividades tienen que tener una dimensión mucho más profunda, mucho más organizativa, mucho más política; que nos permitan actuar, reitero, más colectivamente, más conscientemente. El mundo va a cambiar definitivamente, no va a ser el mismo mundo y ojalá que no sea, porque muchos dicen que quisieran volver a lo de antes, yo creo que era una pesadilla, una pesadilla del estrés, de la incertidumbre, del miedo, de la inseguridad, esa es la realidad. Con el coronavirus  yo creo que esa pesadilla tiene que desaparecer, y más bien empezar a pensar como construimos un mundo nuevo, un mundo donde la alegría, la transparencia, la organización, la reciprocidad sean los valores que cada día nos vayan impulsando a ser mejores como personas y también como colectivos organizados. No nos va a salvar ningún gobierno, no nos va a salvar ninguna vacuna, no nos va a salvar ningún caudillo. La salvación está en nuestras propias manos, en nosotros mismos. Creo que un escenario muy positivo es que la gente confinada en su espacio se está dando cuenta de que ese mundo que habíamos vivido antes del coronavirus era un mundo de terror y que ese mundo  fundamentalmente tenemos que sepultarlo y empezar a construir un mundo nuevo.

Pandemia y Autonomía Indígena en el Valle del Cauca

Entrevista con  Manuel Rozental, Médico Colombiano, exiliado por años a causa de la violencia en Colombia y su participación en los Movimientos Sociales  en el Valle del Cauca, como dice el mismo “el corazón de la lucha por la autonomía y los movimientos sociales en Colombia». Actualmente está dedicado a Pueblos en Camino, que es un esfuerzo por tejer resistencias y autonomías entre pueblos y procesos, desde el Cauca, con su familia, tratando de vivir con la tierra entre los indígenas Nasa.

 

El Virus del Capitalismo

Como médico, y en conversación con compañeras y compañeros de todo el mundo, incluso de China que el virus sí existe, no hay duda y surge porque hay una deforestación y destrucción ambiental masiva; porque a orillas del rio Yang Tse, uno de los más grandes de China, se han construido cuatro represas hidroeléctricas que han podrido las aguas de ese río; porque en toda esa provincia se ubican los hornos para la industria del hierro; porque la gente vive en condiciones de miseria y explotación; porque los animales silvestres, que no deberían tener contacto con seres humanos, como los murciélagos, de donde se presume que viene el virus, están en contacto con poblaciones humanas que, además, tienen que comerlos y coexistir con ellos porque si no, no sobreviven; porque china gasta 323 dólares per capita, por año, es decir menos de 30 dólares al mes, menos de un dólar diario en salud y es la segunda potencia económica más grande del mundo.

La destrucción ambiental macro ecológica (incendios forestales, destrucción de bosques, contaminación del aire, calentamiento global) simultáneamente ha causado una destrucción menos visible que es la destrucción del ambiente microbiológico, de lo que no vemos, del material genético, de bacterias, etc. provocando, por ejemplo,  resistencia a los antibióticos. Todo eso es consecuencia del capitalismo, de nuestra ruptura de la relación con la tierra, de que el capitalismo para acumular consume como mercancía la vida toda, a nosotras y nosotros, como trabajo o desperdicio, y a la naturaleza convertida en veneno a través del agro negocio y el extractivismo. De ahí surge la pandemia y otras que van a surgir y que ya existen.

El capitalismo nos presenta la lucha contra un virus cuando en realidad la lucha es contra la triada epidemiológica:

  • el agente o virus,
  • el ambiente que le permite al virus surgir y destruirnos y
  • el huésped, que en ese contexto es afectado.

Entonces, no vamos a salir ni de esta pandemia ni de ninguna otra sino transformamos nuestra relación con el planeta y con la tierra, en una relación de volver a defender los ritmos y tejidos con la naturaleza. Todo se ha convertido en mercancía para convertirse en ganancia para unos pocos. Mientras esos pocos no devuelvan lo que no es de ellos y de ellas, y nosotros no volvamos a tejernos a los ritmos de la naturaleza, ésta y peores pandemias van a surgir.

Pero no son los virus el problema. Es este sistema económico, político, social. Esta mentalidad de convertirlo todo en mercancía y que todo sea mediado por dinero. O nos convertimos en otra especie que se tejé de nuevo a la madre tierra, y entre nosotros y nosotras, o no son los virus los que nos van a desaparecer, somos nosotros mismos, es el sistema social que nos está llevando a la extinción. Eso en síntesis es como lo vemos y lo tenemos claro.

La Pandemia en los Pueblos del Valle del Cauca

“Cuando llega el Coronavirus, la reacción inmediata y espontanea de la Guardia Indígena, de las asambleas locales y de las comunidades es cerrar los territorios y consolidar lo que se llama el Control Territorial y al mismo tiempo las formas de Autonomía. Hay puntos de control y no entra ni sale nadie sin autorización. Eso ha sido muy bueno y la esperanza que tenemos es que  eso no sea solamente durante la pandemia sino que permanezca.

Lo otro que está pasando es que aquí se estaban suplantando los cultivos tradicionales con monocultivos y ahora se está tratando de hacer producción local, restableciendo el trueque, el intercambio entre comunidades, los mercados locales y todo eso.

También quiero señalar que ese estado ilegitimo fascista, autoritario, narcotraficante y extractivista, en el caso colombiano lo es sin la menor duda, ese estado, ahora pretende retomar la legitimidad perdida en torno de protegernos y aprovecha las medidas del coronavirus para retomar la autoridad que perdió militarizando nuestros territorios. Hay comunidades y pueblos aquí en el Cauca en los que durante la cuarentena circulan en las calles hombres fuertemente armados, bajo coordinación con el ejército y entran a las casas buscando activistas sociales y asesinándolos por toda partes. Después viene el ejercito que son ellos mismos y nos dan un parte de tranquilidad diciendo: “no se preocupen ya llegamos y vamos a garantizar la seguridad.”

Estamos en un contexto en el que de una parte sabemos y sentimos que tenemos que levantarnos y defendernos y a la vez evitar el contagio, pero no someternos a este estado y a estas políticas que quieren hacer un ajuste estructural, como en el comienzo del neoliberalismo, pero mucho peor. La gente que sobrevive trabajando a diario es un estorbo para estos estados y lo que están haciendo  es eliminar esta gente, con hambre y asistencialismo, con recursos de nuestros impuestos, obligándoles a invertirlos y gastarlos en determinadas empresas y trasnacionales cómplices del estado mientras abren todo al extractivismo.”

Que se viene a futuro?

Yo no creo que las medidas que están tomando los gobiernos sean medidas temporales. Sino que son el puente hacia medidas definitivas. Lo que se viene de parte de los estados y de parte del capitalismo internacional es una limpieza social, masiva. Un extermino de todo lo que les estorba, es un desprecio por los pobres, es un afán por conquistar los últimos territorios del planeta, que quieren capturar totalmente, y es el afán por someternos a todos y todas a consumir de las grandes transnacionales.

Yo creo que se viene un disciplinamiento social masivo, y el pretexto es nuestra salud y nuestro bienestar. En ese sentido político, la pandemia no se va a acabar.. Lo que ellos quieren, lo que están buscando y lo que creo están planificando es tener acceso ilimitado y exclusivo a lo que hoy está en déficit: naturaleza, agua, oxigeno, petróleo, fuentes de energía, biodiversidad, minería. Pero para poderlo lograr necesitan convencernos y someternos a las buenas y a las malas.

Entonces, viene el hecho de tener claridad de que el virus si causa una infección y del virus si tenemos que protegernos, pero quien nos esta ordenando el sometimiento son los estados y el capital, y nosotros debemos protegernos del virus y también de los estados y de lo que viene.

Por el momento los estados tienen el control y están usando la pandemia para el propósito de acumulación y de ganancia. Y nos falta mucho, espacios para provocarnos y compartir lo que sentimos y creemos, para buscar la forma de no aislarnos, aunque tengamos que dejar de proteger del contagio. Con la tierra y desde la tierra lo tenemos que hacer. Ese es el único camino.

 

En ese sentido, quiero resaltar las iniciativas en torno a lo alimentario. Han sido extraordinarias. Por ejemplo aquí en Popayan, en Brasil, en la Argentina, en Venezuela, la gente está produciendo comida y se está organizando para garantizar la alimentación sana y por fuera de los circuitos del mercado formal y esas son iniciativas poderosas. Conozco una que se llama Mesa Larga, es un mercado campesino en Popayan (Cauca) donde están produciendo, distribuyendo e intercambiando sobre todo entre las poblaciones  más empobrecidas y eso les permite sobrevivir, seguir trabajando y estar por fuera de circuitos del mercado. Otra que nos conmovió hasta las lágrimas es la de las compañeros y compañeras de las federaciones campesinas e indígenas del ecuador, sierra y costa, que han llenado camiones y caravanas de camiones con alimentos, los han llevado a Guayaquil y a quito, donde están muriendo miles, han creado centros de acopio y donde los grandes negociantes venden el kilo de papas por un dólar, ellos venden papa sana de la mejor calidad, por 30 o 20 centavos de dólar y masivamente lo están haciendo. Están suplantando al aparato mercantil de las transnacionales. Ese tipo de iniciativas son una hermosura y están pasando.

¿Para quién el «Aprendo en casa»?

Por Leonardo Tello Imaina

Algunos maestros han llegado a la comunidad de Alianza en el río marañón entrada del río Uritu yacu en el Distrito de Urarinas – Provincia de Loreto, Perú, al comienzo de la cuarentena. No han hecho clases con los estudiantes, el mandato presidencial y la propia comunidad no lo permite debido al miedo de contagiarse y las acciones de prevención que las propias comunidades han implementado. Están esperando la llegada de algunas de las 800, 000 tablets que el gobierno del presidente Vizcarra ha anunciado la compra y entrega hace unos días en conferencia de prensa para las comunidades rurales. Recientemente acaban de recibir las canastas de alimentos que el gobierno ha destinado para las familias que más lo necesitan. Como siempre no alcanza para todos y eso genera un sentimiento de abandono del estado a las comunidades indígenas. Nada es suficiente y todo tarda en llegar a las comunidades. También el gobierno ha anunciado las clases mediante la iniciativa “aprendo en casa” a través de radio nacional y TV nacional, en su defecto a través de los celulares. Ningunas de las opciones son relevantes en alianza y cientos de comunidades en la amazonia. Radio Nacional y TV nacional no llegan a estos lugares. Los celulares se alimentan con energía y no hay energía eléctrica y, si lo hubiera, es de las más caras a nivel nacional por el costo del combustible. Totalmente injusto ya que de estos territorios se extrae mucho petróleo, actividad industrial que ha contaminado los ríos, los peces y sus áreas de cultivos, como ha agravado su salud.

En Nauta, la capital de la provincia de Loreto, las tiendas de celulares que pueden reproducir videos y funcionar con internet para “aprendo en casa” se han agotado la semana pasada. El anuncio de esta iniciativa está haciendo colapsar a las familias que se han sentido obligadas a comprar celulares, muchas veces con los bonos y programas sociales que reciben. Si el covid 19 ha generado pánico en las familias, el Ministerio de Educación está haciendo lo suyo transmitiendo el mensaje de no perder el año escolar. Las familias no quieren que sus hijos pierdan el año escolar y han generado que tengan que elegir entre comer y comprar un celular.

¿Qué pierde un niño en un año escolar que sea superior a los aprendizajes vitales que esta pandemia nos está enseñando a todos?

Los que más posibilidades de estudiar tienen son los profesores. Tienen un salario asegurado y tienen más posibilidades de acceder a internet. Que se les pague por estudiar y capacitarse más. Eso ayudara mucho más adelante.

Si los tablets llegarán a las comunidades ribereñas de la amazonia, ¿cómo se alimentarán estos equipos? ¿De dónde saldrá la energía? ¿Tendrán que pagarlo ellos mismos?

El proyecto Huascarán llegó a un número importante de comunidades con computadoras para escolares hace más de una década. En la mayoría de estas comunidades nunca se les utilizó por falta de energía. Y donde funcionaron un tiempo, fue posible mientras funcionaron los paneles solares. Un fracaso total que lo único que ha dejado como evidencia es que a los gobiernos no les importa la población de niñas y niños de las comunidades.

El mensaje del MINEDU es claro, “no vamos a perder el año escolar”, y con este mensaje están generando grados de estrés muy preocupantes en las familias empobrecidas. Como si el estrés que ocasiona la pandemia y la cuarentena no fueran ya suficientes. Quizá para las familias en las ciudades “aprendo en casa” sea una iniciativa importante, pero para las comunidades y especialmente las comunidades indígenas, otra es la realidad.

Para los pueblos indígenas una iniciativa que tenga como foco el abordaje de la memoria en las familias, de cada persona en cada familia y sus antepasados, la memoria de la comunidad desde su origen y fundación hasta nuestros días. Los relatos que abordan las epidemias y como los pueblos han salido adelante en muchos casos. Regresar a las historias y relatos que fortalecen el espíritu y hacen de los pueblos más fuertes culturalmente. Una educación en tiempo de crisis debe ser capaz de hacer fuertes a sus niñas, niños y ciudadanos.

Fuente: Radio Ucamara

Imagen: entornoturistico.com /tvperu.gob.pe

Luchar a lo Indígena contra los virus, la Pandemia y el Capitalismo

Ya de por sí, luchar, la palabra y el acto de luchar, convoca a organizarse, prepararse, planificar, defenderse, resistir, realizar. Luchar también genera de inmediato la imagen de un oponente, un enemigo, algo o alguien a quien enfrentar para vencer. Luchar no es jugar para ganar, no es competir. No hay arbitro, ni jurado, ni premio. Luchar tiene como antónimo rendirse, someterse, doblegarse, resignarse. Luchar denota un mandato interno que no admite ordenes sino los de la consciencia.

Y ya de por sí, «Indígena», la palabra indígena, interpela, exhorta, exige, demanda: «¿Eres o no eres? ¿Soy o no soy? Indígena es el que nace en un territorio, al abrigo de un colectivo que lo habita y cultiva. Hacia atrás se pierden las generaciones que criaron su actual alimento, medicina, arte y convivencia; hacia adelante se echa a correr la esperanza de los sueños que crían en el corazón de las niñas y niños, incluso de los que todavía no nacen. Por eso aman y cuidan el territorio que habitan, la sabiduría y la música que siguen regando sus idiomas.

En el mundo, hoy, somos muchxs lxs que no nos resignamos al poderoso desaliento que reina.

En el mundo, hoy, indígenas somos lxs que tejemos nuestras vidas a un colectivo, comunitario o barrial, sea urbano o rural, y hemos hincado nuestras vidas a un territorio para hacerlo vivir, para mantener o hacerlo autónomo, regándolo con consciencia, organización, amor, cuidado y,  tantas veces lamentablemente, con la sangre y futuro de lxs hermanxs que están en primera fila defendiendo la barricada, el bosque, el río.

Indígenas, hoy, son lxs que se dicen y reclaman, en plural, «aquí vivimos y ésta es nuestra historia. No venderemos nuestros sueños».

Reivindicamos la lucha indígena, el buen vivir sobre una madre tierra liberada del dinero y el artificio fácil de la explotación, ante el ruido y el peligro real sobre la eternidad que nos pertenece.